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Desde las emociones a la trinchera de la razón

Haciendo una ligera retrospectiva de lo que ha sido mi trayectoria como empresario del sector, he resuelto que, jopete, me ha ido bien. Bien en lo profesional, bien en lo personal. Proyectos de restauración con una respuesta masiva por parte del público, desarrollados de forma continuada durante años de trabajo (25 pelotos dan para mucho) y mogollón de locales abiertos, conté 17 propios haciendo números entre cerveza y cerveza (que es como mejor se cuentan estas cosas).

Les comparto esta reflexión adjuntando una teoría por si les puede servir de algo en estos tiempos de las incertidumbres orquestadas, que el régimen nos presenta como inevitables. La idea es saber porqué al balancear la labor empresarial con la personal, puedo afirmar que ha resultado óptima y explicar cual ha sido el indicador constante de tal política vital, más allá de crisis económicas, modas, cambios políticos, ubicaciones o formatos de negocio.

El rollo ha estado en algo tan lógico como lanzarme desde las ideas a lo concreto, con el pleno convencimiento que iba a emocionarme y emocionar, que el desarrollo de la inquietud era en todo momento digna de ser vivida por los múltiples agentes que debían intervenir: equipo, clientes, inversores, amigos, familia, vecinos y demás. Pero eso no ha sido suficiente, es más en la propia virtud de tal o cual estado anímico, se encaramaba el riesgo de sucumbir a lo peligroso que resulta creer que porque uno se emociona o sus allegados se extasían, el asunto va a funcionar y lo va a hacer sin contratiempos severos.

Aquí está el tema entonces, una vez en esa trinchera que ha sido y es mi lugar predilecto, es decir, metido en la harina de viabilizar, aparecía la lógica de la razón, la lógica de lo mental, de lo posible, de lo real, de lo material y de lo computable o físico. La lógica del pensar por encima del sentir es lo que me sigue moviendo y lo que me permite ejecutar acciones de valor.

A pesar de lo mucho que se ha trabajado desde la psicología y desde la antropología sobre el papel que juegan las emociones desde un sentido evolutivo en la interacción social, hoy en día desde el absurdo pensamiento postmoderno; donde el triunfo de la cultura woke se impone formalmente, cabe recalcar pues, que las emociones deben tener una base real y lo que no sea así es pura dialéctica, si me lo permiten algo perversa, incluso obscena.

En definitiva, si entendemos que la madurez es aceptar la realidad tal cual es, y no como a uno le gustaría que fuera; pues de eso han ido mis bares y de eso se alimenta Gastropología, que plantea en sus asesorías hacer una antropología empresarial de corte divulgativo sí, pero efectiva.

Comparto las 7 emociones básicas universales, asumiendo sus funciones evolutivas, según el psicoantropólogo Paul Ekman que en 1978 valido el trabajo que ya en su momento propuso Charles Darwin:

- La sorpresa “reacción física y cognitiva ante un evento inesperado”

- La tristeza. “normalmente por una perdida”

- El miedo. “ante una situación de amenaza real, su función es protegernos del peligro”

- La alegría “se da ante un bajo nivel de ansiedad y la evaluación que hacemos de un hecho. Es por lo tanto positiva, placentera, nos da altos niveles de energía y motivación

- El desprecio “superioridad o desdén hacia otra persona o sus acciones”

- La ira. “surge ante situaciones aversivas o que generan frustración, prepara al cuerpo para la lucha”

-El asco “la función sería la de protegernos ante alimentos que pueden ser tóxicos, también determinados olores,…”

Concluyendo: las emociones las tenemos, las percibimos, las compartimos y detectándolas evolucionamos en la idea de interpretar aquello que nos rodea. Son, insisto, un fenómeno evolutivo a considerar y las de acción positiva (alegría y sorpresa) nos ayudan a lograr los objetivos. Pero y al tanto, las emociones no montan bares, no gestionan negocios, no suponen de por sí la solución a los problemas operativos. Basta ya de hacernos trampas al solitario si es que queremos tener una trayectoria de éxito en cualquier asunto que deba ser llevado a la ejecución en el ecosistema de la restauración profesional, donde lo fundamental es el universo creado en torno a la diligencia de las relaciones sociales.

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