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Antropología para unas risas

Actualizado: 25 jul 2023

Semanas atrás andaba yo en lo alto de una ladera sobre el río Sil en la Ribera Sacra gallega. El equipo de Gastropología ultimaba la apertura de un restaurante en una de esas bodegas que te hacen comprender lo pequeños que somos delante de aquella naturaleza majestuosa, más aún cuando la observamos tras los cristales de un vino bien elaborado, bien servido, bien hablado, y permítanmelo, bien reído.


Ese sin duda era el momento oportuno para permitir, junto al cliente y su equipo, que las tensiones lógicas ante un proyecto de cierta envergadura-riesgo, se fueran disipando con los sorbos del caldo elegido, agitando a base de brindis los designios al éxito. Sumando otras alegrías, dispuestas a asumir el testigo de esa barra del bar ya bendecido.


Los primeros antropólogos pensaban que, así como las especies evolucionaban de organismos sencillos a otros más complejos, las sociedades y las culturas de los humanos debían seguir el mismo proceso de evolución hasta producir estructuras complejas como su propia sociedad. Influidos por el evolucionismo, teorizaban sobre el ir de menos a más como un camino de explicación inequívoca.


Lo vi, ahí lo vi claro, era el momento de diseñar la mecánica del negocio:

propuse una experiencia de servicio de sala perfecto, que en este formato de restauración debía ser evolucionista como los primeros antropólogos. Es decir, teníamos que lograr que los clientes pasaran sí o sí por la barra, propiciar unas risas de relajación, acompañar a la mesa del restaurante y permitir que los comensales gestionaran su libertad al sentirse en esa suerte de reuniones que curan.


Cuando me enfrento al reto que supone diseñar un bar o un restaurante independiente desde la antropología, aprendo que cada espacio requiere una solución de ingenio distinta, un matiz, un encontrar su propia lógica en los movimientos y en las coreografías que lo componen. Estamos delante de una comedia no sólo de situaciones sino también de distancias. La teoría sirve para explicar, pero será la propia acción la que determine el ajuste.


Larga vida a los bares que curan, a los restaurantes que nos restituyen y a la antropología que nos lo explica.


Sergio Gil


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